Radio Sintonia

Radio Sintonia, Radio escuchar Radio Sintonia en directo Online Añadir a su sitio. -Qué alma de artitas tienen, qué sentimiento. Al oírlas, me siento transportada. ¿Ustedes no? Sí, también la acompañamos en el sentimiento. Señora, hemos pasado un buen rato. Sentimos tener que marcharnos. -Ni hablar de eso. No se van sin merendar. La cocina no tiene secretos para mis hijas. Esperen un momento. Vamos. Por lo menos, nos hincharemos. ¿Qué será? Una empanada gallega. ¡Pollo asado! ¡Bah! ¿Van duros? Van. Cuidado, que vienen. -Aquí está. Es una especialidad de mis niñas: arroz con leche. -¡Dios mío! -¡Oh! -No seas impaciente. Ya te lo entrego. No, no, si yo no tengo prisa. Claro que a lo mejor, a ti te espera el novio. -¿Novio yo? No tengo tiempo para eso. Y el que te queda libre, lo dedicas a asustar a los peces. -¿Pero cómo se te ha ocurrido? Me aburría ahí dentro y no encontré otra cosa. ¿Es que no estoy elegante, cariño? -¿Otra vez? Te he dicho que no me gusta que me llames cariño. Perdona, pero como aún no me has dicho tu nombre. -Tienes razón. Me llamo María Rosa. ¿Y tú? Y yo, Carlos. Supongo que seremos buenos amigos y que podremos vernos mañana. -No. Los guardiamarinas sois todos muy presumidos y embusteros. Además, si mi padre se entera de que salgo contigo, Radio es capaz de romperme un brazo. ¡Bah! No será tanto. -Mira, una vez a uno que se atrevió a acompañarme, Radio lo levantó con una mano y lo tiró por una ventana. ¿Pero tanta fuerza tiene? -Ven. Pasa, hombre, pasa. ¿Ves este retrato? Este anclote pesaba kilos. Toma. Oye, María Rosa, ¿y a qué hora suele venir tu padre a casa? -Hasta las ocho no llega casi nunca. ¿Por qué me lo preguntas? Ah, pues, pues Radio Por nada. Es que ya no me acordaba. A las , tengo que estar en la escuela. Oye, ¿ese señor quién es? -Ese es mi abuelo. Era marino, como tú. Murió en Santiago de Cuba a las órdenes del almirante Cervera. Sin duda, fue un valiente. -En esa vitrina, guardamos su laureada. Voy a planchar el pantalón en un momento. Procura no tardar mucho. -Entrad a tomar un vasito, que aún es temprano. -Por nosotros que no quede. -Pasad, pasad, amigos. Todavía debe quedar aguardiente, de ese que tanto os gusta. -Se agradece, patrón. -¡María! -Eso le pasa por tener las novias a barullo. Déjate de eso. Si me descubren así Radio -A la orden. -Está de guardia el Boquerón. A ese le lío yo. Un momento. Toque de corneta militar. No saludes y ponte cómodo que tengo un problema gordo. Fíjate si será gordo que en la batalla de Lepanto Radio hubo un problema parecido y no lo resolvió nadie. Y mira que había gente allí. Nada, no hubo manera. Vamos a ver. Si el ángulo de tiro es superior a la zona muerta, Radio tenemos que el torpedo desarrolla una velocidad, Radio aproximadamente, digamos, de Radio No, no es eso. Te lo explicaré desde el punto de partida. O sea, desde el propio submarino. Si un submarino va a una velocidad de nudos Radio y está a seis millas de distancia, Radio el torpedo tarda en explotar la mitad de la distancia Radio partida por el doble de la velocidad. Es como el teorema de Arquímedes, pero en guerra. Todo torpedo sumergido en un líquido Radio experimenta una sensación de mojadura Radio en razón directa con la cantidad de torpedo que sumerjas. -¡Oh! Menudo favor nos has hecho con haberte ido. Tú viste al pájaro carpintero y a la gafas, Radio pero no a las que estaban de visitas. ¡Qué guayabos! Pues anda que la morenita. Qué ojos, Carlos. Tenía la nariz respingona. No sabes lo que te perdiste. Con qué esplendidez nos obsequiaron. Después de estar bailando, cuando nos marchábamos, Radio fuimos al comedor y nos sacaron una tarta así. Por ellas, todavía estábamos allí. Bueno, nos hicimos los amos. ¡Bah! ¿Ves esta llave? Es la de su secreter, donde con sus recuerdos íntimos, Radio quedó un botón de ancla. Como verás, no hemos perdido la tarde como tú, Radio que te habrás aburrido. Os equivocáis. Hoy, he conocido a la criatura más bonita que he visto. ¿Qué? Cuenta, cuenta. Veréis. Al pasar por un acantilado, Radio me sorprendieron unos gritos femeninos pidiendo auxilio. Me asomé al precipicio y vi a una mujer ahogándose. Como un rayo, me lancé en su socorro.